Posteado por: Guayaramerin | julio 24, 2007

El triángulo Amazónico

Tres centros paradisíacos son los que constituyen el así llamado “triángulo amazónico”, o también denominado “Triángulo de la goma y de la castaña”: Riberalta, Guayaramerín y Cachuela Esperanza.
La razón de la existencia de estas ciudades está íntimamente ligada con el descubrimiento y exportación de las inmensas riquezas de la selva; pues fueron la goma, la castaña y la madera las que impulsaron el asentamiento humano y el desarrollo en estas tierras. No cabe duda que fue por esto que llegaron muchos hombres emprendedores desde Santa Cruz – Como Nicolás Suárez Franco que fundó Cachuela Esperanza – así como científicos, ingenieros, empresarios y trabajadores de Europa, Estados Unidos y Asia a la amazonía boliviana. Fue el descubrimiento de Charles Goodyear, en 1839, lo que subió la importancia y los múltiples usos de la goma elástica. De ahí que el Amazonas se convirtió en un centro de explotación gomera. La época de la goma trajo grandes riquezas no sólo para el Beni sino para toda la economía boliviana, pues llegó a constituirse en uno de los productos de mayor exportación junto con el estaño. En 1913 la industria cauchera vivió su tiempo de oro, pues llegó a alcanzar su mayor volumen de exportación: 5000 toneladas. A partir de 1920, la producción empezó a declinar principalmente por dos causas. La primera por la guerra mundial, y la segunda porque empezaron a aparecer otros centros gomeros en India, Sri Lanka y Malasia que según fue fruto del “robo de la siringa” llevado acabo por el británico Henry Wickham en 1879. De la época de gloria de la goma, el recuerdo vivo se lo encuentra en Cachuela Esperanza que fue en su tiempo un centro modelo de la industria gomera y hoy un monumento nacional distinguida con el Cóndor de los Andes. Aunque lamentablemente hasta hoy no ha recibido la atención necesaria para rescatar íntegramente su estructura urbana y arquitectónica. Riberalta nació por la unión que existe entre el río Madre de Dios y el río Beni, a consecuencia de la explotación de la goma. Hasta hoy sigue alimentando su economía con la riqueza de la amazonía. Desde el auge de la goma se quedó con la promesa de una estación Terminal del ferrocarril, pero por distintas razones no se llevó a acabo. Guayaramerín fue y sigue siendo un activo centro de comercio fronterizo con el Brasil. Del auge del caucho se quedó la promesa de la llegada del ferrocarril que nunca cruzó el Mamoré. Por el problema de las enfermedades, muertes y accidentes nunca se llevó a acabo el proyecto de un puente hasta Guayaramerín, solo se terminó el tramo brasileño. En 1938, los fondos de este tramo Brasil-Guayaramerín fueron destinados a la construcción del ferrocarril Corumbá-Santa Cruz. En compensación Santa Cruz cedió un 3% del 11% de regalías petroleras al Beni, con lo que se construyó la carretera Santa Cruz-Trinidad. Lástima que pese al gran potencial turístico, histórico y cultural que posee el Triángulo Amazónico – por ende Guayaramerín – hasta el día de hoy no se ha dado una debida atención a su estructura urbana y arquitectónica. Ojala, nuestra historia, nuestro pasado sirva como motor para revivir aquellas épocas de gloria.

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